
Pintor, escultor, fotógrafo, poeta y músico, precursor. Nació el 24 de
junio de 1870 y murió en 1933. Fue discípulo de Juan Fernández
Corredor. Recibió sus principales orientaciones del pintor Luis
Desangles. Abelardo está considerado el padre de la escultura
dominicana. “Uno de Tantos” es una de sus esculturas más importantes y
de sus obras pictóricas se destacan: “Cabeza de Mujer” y “Retrato de
Eugenio María de Hostos”. En su pintura se aprecia la presencia del
clasicismo y el romanticismo. También destacan obras como: “Caonabo”,
“Invocación” (alto relieve), “Retrato de Novia”, que le valió el Primer
Premio certamen artístico en el año 1907; óleos de “Duarte”, “Billini”,
“Luperón”, entre otros.
En 1908 abrió las puertas de su academia de dibujo, pintura y
escultura, que dirigió hasta su muerte. En 1885 fue premiado por su
obra “Perllo”, en una exposición organizada por Juan Corredor y Cruz.
Abelardo Rodríguez Urdaneta es el artista que ofrece más facetas en el
curso de la plástica del siglo XIX y comienzos del XX. Al morir dejó
una obra nutrida y variada. Su profunda actividad artística, alcanza
una especial distinción. Como fotógrafo, escultor y maestro, permite al
espectador desentrañar la eficacia y el ambiente de su labor pictórica.
Está considerado como uno de los más completos precursores de las artes
plásticas. Su concepción romántica y su factura clásica, permiten
conocer sus sobrias pinceladas, su refinado dibujo y sus variadísimos
aspectos del paisaje, matizado de construcciones armónicas y un
colorido rico y abundante.
Sin haber terminado estudios académicos, Abelardo Rodríguez Urbaneta,
dotados de una personalidad singular, se formo concienzudamente en el
arte, llegando a dominar el oficio en tres categorías: pintura,
escultura y fotografía.
Miembro de una generación hondamente preocupada por la cultura y el
progreso educativo, pese a la carencia de estructuras y medios, fundo
su propia academia en Santo Domingo. Su estudio fotográfico fue también
una plaza renombrada en la capitulo. Su obra, vibrante de amor por lo
dominicano, no puede valorarse en términos de actualidad universal,
sino del ambiente y las motivaciones nacionales. La pintura de Abelardo
fue realista, con acentos de expresionismo, combinando la habilidad con
un deje repentino de ingenuidad. Aparte de los retratos de los temas
históricos, psicológicos y sociales marcaron su creación. Fallece en
Santo Domingo en el 1933.